miércoles, 28 de abril de 2010

Transmutaciones y sensaciones



En la sala Cervantes de Casa América presentaron ayer la antología Transmutaciones, de Antonio María Flórez. En la mesa Luis Armando Soto, Luis Sáez, director de la Editora Regional de Extremadura y el antólogo. Me gustó mucho oír hablar a Luis, lo hizo con cariño y con sapiencia, fue generoso con la labor de la Editora y con la de sus directores anteriores, de cómo unos y otros hubieran sabido hacer, de lo que hasta entonces sólo había sido periferia de la periferia, un terreno más propicio para creación y la difusión. Habló también de cómo Extremadura había pasado de arrastrar su condición de tierra fronteriza a encontrar en ese mismo carácter fronterizo un elemento de enriquecimiento cultural y un estímulo identitario. En fin, ya digo, me resultó muy agradable lo que dijo. Luis Armando Soto leyó un par de textos preciosos y Antonio María Flórez explicó por qué había elegido a Andrea Cote Botero, Adalberto Agudelo Duque, Triunfo Arciniégas, Octavio Escobar Giraldo y Orlando Mejía Rivera, que son, según dijo, una muestra de la novela, el relato, el ensayo y la poesía que hoy se escribe en Colombia. Fue un acto entrañable e interesante. Y a uno, que anda estos meses seducido por la prosa fascinante de Faciolince, le entraron muchas ganas de seguir leyendo letras colombianas.
Ahora la sensación. Les cuento, siempre que entro en Casa América me parece que estoy entrando en el palacio de Ramalhete. Tengo a Os Maias de Eça de Queirós como una obra de referencia. Fueron los de aquella lectura unos días deliciosos, aún me acuerdo cuando Carlos da Maia y María Eduarda se conocieron en el Hotel Central, era de madrugada y yo estaba en otro hotel, en el Continental, de Tánger (sensaciones). Bueno, a lo que voy, dice la leyenda que el antiguo palacio de Murga, donde está ubicada Casa América, encierra los fantasmas de los primeros marqueses de Linares. Por lo visto, un día José de Murga y Reolid le confesó a su padre, Mateo Murga y Michele, que se había enamorado perdidamente de una muchacha humilde. El padre cuando lo oyó se asustó, pero se asustó muchísimo más cuando se enteró de que la susodicha era Raimunda Osorio, la hija de la cigarrera de Lavapiés. Se asustó tanto que lo mandó a Londres con la excusa de que tenía que estudiar, pero con la intención de que se divirtiera y se olvidara de la mocita lo antes posible. Pero hay amores que no se olvidan fácilmente, así que cuando su padre lo vio de vuelta en Madrid y con el empeño intacto, se llevó tal susto, que se murió. Después los enamorados se casaron, y al poco tiempo José encontró una carta de su padre en la que le aclaraba todo. Resulta que la pobre muchacha había sido el fruto de un amor extramatrimonial entre él y la madre de ella. Luego la leyenda sigue y dice que tuvieron una hija a la que emparedaron por no sé qué, pero que no pudieron hacer lo mismo con su espíritu y que por eso el espíritu de Raimundita sigue, aún hoy, paseándose por los salones del palacio, que canta canciones infantiles, que da voces y no sé cuántas cosas más. Pero a mí eso ya me da igual, a mí lo que me gusta es la primera parte, la de los amores repetidos entre la nobleza y las cigarreras, la que me recuerda a los amores secretos e inconfesables entre Carlos da Maia y María Eduarda, la de la pasión desbordada, la de O Ramalhete y el hotel de Tánger… Ya digo, sensaciones.

4 comentarios:

Alfredo J. Ramos dijo...

Excelente entrada, que además me ha recordado que aún no he leído Os Maia, pese a tener (bueno, es de mi mujer) la magnífica edición de Pretextos. Me pongo a ello. Sobre los fantasmas del Palacio de Linares, no sé si estás al tanto del follón que se organizó a raíz de unas supuestas grabaciones, obtenidas por "expertos" parapsicólogos, de los terribles gritos de Raimunda... Si estás interesado, seguro que en Google encontrarás información. Se dio mucho la lata con aquello. Más interesante me parece comentarte (también por si es de tu interés) que en este palacio se rodaron las escenas de interior de Patrimonio Nacional, el segundo filme de la inolvidable trilogía que Berlanga dedicó a la saga de los Leguineche. Un saludo.

antónio dijo...

Muchas gracias, Alfredo, por las sugerencias. La verdad es que lo que me cuentas de Berlanga no lo sabía. Lo de las grabaciones sí lo había oído, pero no soy nada creyente, tampoco en eso. Prefiero leer lo que tú escribes, por ejemplo, en tu blog. Un saludo.

Anónimo dijo...

Antonio, siento mucho no haber tenido la oportunidad de hablar contigo como debiera y hubiera querido, especialmente para agradecerte tu presencia en este acto de Casa América que resultó tan entrañable y diciente de lo bueno que se está haciendo en Extremadura. Me alegra que te sientas animado a leer más literatura colombiana, ahí y en otros textos, la encontrarás de la buena. Cordial abrazo,
Antonio María Flórez

antónio dijo...

Querido Antonio, habrá más veces. Y efectivamente, la encontré y muy buena. Gracias por todos estos puentes.