jueves, 8 de marzo de 2012

Felicidades


- ¿Has leído el artículo de Álvarez de Miranda sobre el género de las palabras? Habla de los nombres epicenos ¿Te acuerdas?
- Mejor otro día, ¿vale?

Y lo dijo así, con un puntito de mal humor.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Missa Ayo visto lo mapa mundo


Mañana jueves. Y durante una temporadita, los jueves, media hora de tren y luego en Lovaina dos horas escuchando cositas como esta.

De Juan Cornago (Johannes Cornago) los que saben, saben poco.Cantor y compositor español de transición entre el Ars nova y el Renacimiento y el otro día un joven melómano, jersey verde, casi sabio, levitaba, lo vi.

lunes, 5 de marzo de 2012

DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio;  España: Tres milenios de Historia, Marcial Pons, Madrid, 2003.

De la lectura de arriba, la semblanza de abajo

Carlos I de España y V de Alemania fue resultado de la política matrimonial de sus abuelos, Isabel y Fernando, los Reyes Católicos. Nació a las tres y media de la madrugada del martes 24 de febrero de 1500, día de San Matías, en el Palacio de Gante (Flandes) y era hijo de Felipe de Habsburgo, El Hermoso, archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Luxemburgo, de Brabante, de Güeldres y Limburgo y conde de Tirol, Artois y Flandes; y de Juana de Castilla, La Loca. O sea, sus abuelos paternos eran el emperador Maximiliano I y María de Borgoña, y los maternos Reyes Católicos

A la muerte de Fernando el Católico en 1516, desaparece la dinastía Trastámara de la Península Ibérica. El gobierno de los reinos de los Reyes Católicos, ante la incapacidad de la heredera legitima, Juana de Castilla, pasa entonces a su hijo mayor, o sea, Carlos V, quien en pocos años recibe una herencia considerable:

La materna incluyó la Corona de Castilla (con el reino de Navarra, Canarias, las plazas norteafricanas y las Indias) y la Corona de Aragón (con Baleares y las posesiones italianas: Cerdeña, Sicilia y Nápoles). La paterna, los territorios de su abuela María de Borgoña que gobernaba desde 1515: Países Bajos, Luxemburgo y Franco Condado. En 1519 también los de su abuelo Maximiliano I de Habsburgo: Austria, el Tirol y los derechos al título de emperador del Sacro Imperio, ese mismo año, Carlos V, emperador del Sacro Imperio.
 
"Una herencia que era en realidad la culminación de las llamadas políticas nacionales, y que el maestro  Domínguez Ortiz sintetizó en los siguientes términos: “el conjunto de dominios que heredó Carlos de Gante más bien se parecía a los objetos de un bazar que a una construcción política; de una parte la herencia española, ya de por si vasta y heterogénea: de otra el ambicioso proyecto de los duques de Borgoña, que trataron de crear un gran estado entre Francia y Alemania teniendo como eje al Rin: tierras de formidable potencia económica y espléndida ubicación, crisol de culturas, posible lazo de unión entre germanos y latinos (…). Y de su abuelo Maximiliano Carlos recibió los dominios patrimoniales de los Habsburgo, situados en Austria, más la pretensión al título imperial que, no por ley sino por costumbre, iba ligada a esta dinastía” (cita textural, p. 133).

Aunque le sobró temperamento no le debió de resultarle nada fácil gestionar semejante herencia. Los intereses de los territorios no eran convergentes y muchas veces tenían poco en común. A veces, lo único, el soberano. Y su posición no era la misma en unos territorios que en otros. En algunos el poder de una manera absoluta, en otros había que compartirlo y otros la iniciativa contrarrestada por fueros o privilegios. Además, en cuanto depositario de la dignidad imperial, se veía llamado, otra pesada herencia, a ser el valedor de una Europa unida de naciones cristianas. También a ser el defensor de la cristiandad. Una suerte de Monarquía Universal que le mantuvo en guerra con medio mundo y la mitad de las veces con ella dentro de casa: con Francia, con los turcos, con los príncipes protestantes alemanes, con el papado (Clemente VII), etc.

Y en medio de eso, la vida propia, la personal, sensual y extravertido primero, mucho más huraño al final, su sentido de la familia y del deber, la enemistad de su hermano Fernando, criado en España y con puente de plata para Alemania, apartado y coronado, su pasión por los relojes, por el paso del tiempo, tan moderna, los viajes constantes, tan motivados como poco rehuidos, y luego, al fin, abandonados por el retiro en Yuste, con los relojes, con los dolores y el mal humor. Y allí, en francés con sus servidores de Flandes, su lengua primera que no materna, la de la infancia en Borgoña (“nuestra patria” a su hijo Felipe en el testamento político de 1548); y también en español que lo aprendió más tarde y bien; mucho mejor que el alemán o el italiano, y lo peor, tampoco el latín como hubiera debido, entonces la lengua de la diplomacia. Y alguien pensará, quizá por eso, también por eso, no, no debió de ser sólo por eso, otra vez los malentendidos de la guerra, otra vez las hostilidades del Mediterráneo, la enemistad con Francia, Francisco I enemigo entrañable, se retaron, dirimir las diferencias en un combate personal, lo descartaron, demasiado medieval, no cundió el ejemplo, hoy en eso los gobernantes siguen siendo modernos, tozudamente modernos.

Y entre tanto, los años centrales del reinado, los más felices, la vida misma, en lo  político (¿profesional?) y en lo familiar. La boda en 1526, de regocijo por los palacios de Sevilla y de Granada, al año siguiente el niño, heredero, en Valladolid; y al siguiente la república de Génova que se enfada con Francia, de enemiga a aliada y su puerto al servicio de la corona de España, a lo que estamos, y de ultramar los botines de Cortés, de Pizarro, extremeños como Yuste; y en 1935 las conquistas: Túnez y La Goleta, ni lo dudaría,  Dios de mi parte.

Pero luego, lo que pasa, que la dicha no dura, las nubes de Inglaterra, de Francia, de Alemania, nubarrones cada vez más espesos, la Reforma de Lutero, cada vez son más y mira que se les combate y lo que cuesta combatir, se ve en la correspondencia del emperador, sobre todo con su hijo Felipe, sobre todo de dinero, cuanto más falta más hace falta. Los problemas multiplicados: Enrique VIII, la tía Catalina y el arzobispo de Canterbury, Inglaterra más lejos de Roma y de la política carolina. Se murió Lutero, y otros vendrán que bueno te harán. Y así fue, la solución de Trento, territorio neutral, la solución que no fue, el desplante de los protestantes y las sesiones interminables, lo convocaron para zanjar las diferencias pero las diferencias se ahondaron como zanjas.

Los años finales fueron dolorosos, de despedidas, en 1547 murieron Enrique VIII y Francisco I. Si las barbas de tu vecino… debió de pensar Carlos V y en 1548 mandó llamar a Felipe, a Flandes, importante el contacto con tus futuros vasallos. Una transición pacífica y de pronto, otra vez la guerra (en Alemania). Enrique II rey de Francia y ahora aliado de los príncipes alemanes. Cuentan que don Carlos tuvo que salir huyendo en pleno invierno, de Italia, por lo Alpes. Y aún fuerza para un último intento, el sitio de Metz, baldío, el intento y los guerreros, hubo de desistir diezmado por las enfermedades y las deserciones. Y fue entonces cuando, enfermo y desmoralizado, el epílogo de Yuste.

Tiziano, El emperador Carlos V en Mühlberg, 1548. Madrid. Museo del Prado.

viernes, 2 de marzo de 2012

A Marta (y a aquel grupo de muchachas y muchachos)

 
Foto: Lavozdigital.es L.V

“Abre tus ojos, Marta, que quiero oír el mar”, Hierro y Lope y los de ella en el pupitre eran azules y grandes, azulísimos, curiosos, apasionados, el mar al otro lado de la ventana, ya después; antes, cuando  entonces, en el pasillo de abajo, pero la misma curiosidad, los mismos pálpitos, la sensibilidad brotando, porosa, y con muchachas así da gusto llegar por la mañana; el saber filtrándose entre sonrisas, la luz de Cádiz, ese contento a flor de labio, aquel ramillete de pimpollos tardíamente adolescentes, qué buena hornada, tan espléndida…

No perdamos el tiempo

Si el mar es infinito y tiene redes,
si su música sale de la ola,
si el alba es roja y el ocaso verde,
si la selva es lujuria y la luna caricia,
si la rosa se abre y perfuma la casa,
si la niña se ríe y perfuma la vida,
si el amor va y me besa y me deja temblando...
¿Qué importancia tiene todo eso,
mientras haya en mi barrio una mesa sin patas,
un niño sin zapatos o un contable tosiendo,
un banquete de cáscaras,
un concierto de perros,
una ópera de sarna?
Debemos inquietarnos por curar las simientes,
por vendar corazones y escribir el poema
que a todos nos contagie.
Y crear esa frase que abrace todo el mundo;
los poetas debiéramos arrancar las espadas,
inventar más colores y escribir padrenuestros.
Ir dejando las risas en la boca del túnel
y no decir lo íntimo, sino cantar al corro;
no cantar a la luna, no cantar a la novia,
no escribir unas décimas, no fabricar sonetos.
Debemos, pues sabemos, gritar al poderoso,
gritar eso que digo, que hay bastantes viviendo
debajo de las latas con lo puesto y aullando
y madres que a sus hijos no peinan a diario,
y padres que madrugan y no van al teatro.
Adornar al humilde poniéndole en el hombro nuestro verso;
cantar al que no canta y ayudarle es lo sano.
Asediar usureros y con rara paciencia convencerles sin asco.
Trillar en la labranza, bajar a alguna mina;
ser buzo una semana, visitar los asilos,
las cárceles, las ruinas; jugar con los párvulos,
danzar en las leproserías.
Poetas, no perdamos el tiempo, trabajemos,
que al corazón le llega poca sangre.

Gloria Fuertes

jueves, 1 de marzo de 2012

Los lunes de Juan Carlos


Sí, Los lunes, poesía (antología de poesía española contemporánea para jóvenes) es uno de los libros que funcionan. He podido comprobarlo en varios sitios y varios años. En alguna ocasión, al curso siguiente, alguien dijo, ¿y por qué no otra vez el de los lunes?, con asentimiento en los pupitres.

En cuanto al autor, es de esos tipos que hablan despacio, que se les ve pensar lo que dicen, y luego, cuando tú piensas lo que han dicho, te descubres. La inteligencia tiene eso. La valentía también. En su caso, el hablar sereno, en su turno, sin acritud, no es endeblez, es solo que carga todo el peso de los argumentos en las palabras, y esas llegan suaves, repletitas, atinadas. Otra cosa es que los bobos no se enteren.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Paradojas y sinvergüenzas


Leo, Luzón se prejubiló del Santander con una pensión de 63,6 millones de euros, y me entran unas irresistibles ganas de vomitar(le encima, claro). Para mí Luzón era siempre el arranque de un poema, La novela de un joven pobre. Paradojas y sinvergüenzas. El engaño, los discursos, los muchos muy jodidos como Pacífico, y estos pocos (e indultados, tiene cojones) jodiendo a los de siempre.
El poema lo leí por primera vez en un apartamento alto en Sanlúcar de Barrameda, daba al Guadalquivir y fueron días de los mejores.
La versión de arriba es de Alejandro Martínez. De él ha dicho el maestro Fernando Lucini en Cantemos como quien respira que “es un gran músico y un magnífico pianista”. Un “joven compositor con mucha experiencia y con muchas horas de música a su espalda –horas de estudio y de interpretación– que le permiten poseer una gran libertad creativa y desarrollar una potente versatilidad en sus creaciones”.

La novela de un joven pobre

Se llamaba Pacífico,
Pacífico Ricaport,
de Santa Rita en Pampanga
en el centro de Luzón,

y todavía le quedaba
un ligero acento pampangueño
cuando se impacientaba
y en los momentos tiernos,

precisamente al recordar,
compadecido de sí mismo,
desde sus años de capital
su infancia de campesino,

en las noches laborables
-más acá del bien y el mal-
de las barras de los bares
de la calle de Isaac Peral,

porque era pobre y muy sensible
y guapo, además, que es peor,
sobre todo en los países
sin industrialización,

y eran vagos sus medios de vida
lo mismo que sus historias,
que sus dichas y desdichas
y sus llamadas telefónicas.

Cuántas noches suspirando
en el local ya vacío,
vino a sentarse a mi lado
y le ofrecí un cigarrillo.

En esas horas miserables
en que nos hacen compañía
hasta las manchas de nuestro traje,
hablábamos de la vida

y el pobre se lamentaba
de lo que hacían con él:
"Me han echado a patadas
de tantos cuartos de hotel…”

¿Adónde habrás ido a parar,
Pacífico, viejo amigo,
tres años más viejo ya?
Debes tener veinticinco.

Moralidades, 1966

martes, 28 de febrero de 2012

El café


Esta mañana en el café los obreros de costumbre, el oriental envejecido desayunando su cerveza de costumbre, la camarera, portuguesa, once años en Bélgica, atenta al telejornal: Suiza: encontraron sin vida flotando en el deshielo al inmigrante portugués dado por desaparecido desde finales de enero. Entonces lo contó, Aquí también encontraron a uno muerto. Trabajaba sin contrato, le dio algo en la obra y el patrón, para evitarse problemas, lo montó en el coche y lo abandonó en un parque. Aún estaba vivo y allí se murió, solito. Le ayudó este que viene… (Ese que viene es uno de los obreros de costumbre, otro día lo cuento).

Hasta mañana, Hasta mañana, los dos abuelos de todos los días, dos veces, dos cafés, los primeros los paga uno, los segundos los paga el otro, españoles de las montañas de León, amigos desde la infancia, más de cuarenta años en Bélgica, obreros jubilados, hablaban de la crisis (buscaban culpables, otro día lo cuento).

Al salir, Sí, este es otro sitio, pero es el mismo mundo otro de Max Ginsburg, tan encima que sigo sin enterarme, sin querer enterarme.

Max Ginsburg, nació en París en 1931 pero es un pintor de Nueva York. Pinta lo que ve con el estilo de hace unos años.  Los vendedores ambulantes, los que dormitan en el metro, en las esquinas, sentados, sucios; las mujeres mayores con el bastón a un lado y la morenita, del brazo, al otro; los sentados al abrigo del poco sol del invierno; los parques, los carritos, etc, etc. Realismo social, quizá vuelva a estar de moda.