Me da que en esto de quejarse tanto del discente también hay un poquito de cansancio. He oído condolerse reiteradamente de lo flojitas que entran y salen las últimas promociones, da igual el nivel o la materia, el lamento es general. Y es verdad que los argumentos abruman y los ejemplos también, pero tampoco faltan motivos para lo contrario. Por ejemplo, hace pocos años salió de la Universidad de Extremadura una promoción de Filología Hispánica que a mí me parece para callarse, (o para hablar muy alto). Llegaron de distintas partes de la región y se hicieron amigos en Cáceres. Hoy son gente preparada, viajan, hablan lenguas, critican con argumentos, leen (también a los clásicos, a estos y a otros) y a poco que vaciles, te avasallan con propuestas. ¿Nombres? María José PÁMpano (hasta hace cuatro días dando la cara en Extremadura TV), Flor Barroso (en años sucesivos profesora de Lengua y Literatura Españolas de adolescentes italianos); Beatriz Moriano (referencia indiscutible, pregunten a los alumnos, de Filología Hispánica en la Universidad de Aveiro); Sergio Adillo (teatrero de talento, lo cultiva en los anaqueles del CSIC y lo derrocha en los escenarios, que si el Círculo de Bellas Artes, que si las calles de Venecia…); Antonia Liberal (en la foto, Coordinadora Académica del Instituto Cervantes de Florianópolis), etc.
¿Más? Bueno, pues sí, pero tampoco antes era tanto, y si no, miren, miren. ¿Eh? Pues eso.
