Fue en Oviedo, en aquel edificio de Salesas, al salir por la puerta que llevaba a los alsas y a mi casa, su voz, buah, sobre mis pasos y allí retenido a la puerta de la óptica, disimulando, oyéndola.
Y luego buscándola, también por las tascas de Mindelo en San Vicente, con Teresa y Toñi, qué buenos los días, aquellos dos muchachos de Oporto, el viaje en avioneta con la vieja yéndose con el año viejo. Y desde entonces, cuántas veces.
Y luego buscándola, también por las tascas de Mindelo en San Vicente, con Teresa y Toñi, qué buenos los días, aquellos dos muchachos de Oporto, el viaje en avioneta con la vieja yéndose con el año viejo. Y desde entonces, cuántas veces.