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miércoles, 6 de julio de 2011
jueves, 9 de diciembre de 2010
Sergio Adillo en Nueva York
Sergio Adillo es un muchacho con talento, quien le conoce, lo sabe. Hoy lo dice Lama y se viene diciendo mucho últimamente: Artez, 20 minutos, El Mundo, El día de Valladolid… (no lo he visto aún ni en el Hoy ni en el Extremadura, pero seguro que también ha salido, o que saldrá). El caso es que este muchacho inquieto e ingenioso, del que los atentos van a oír hablar mucho (y los menos atentos también) a principios de este último verano se fue a Nueva York. Allí se encontró con la vallisoletana Lucía Rodríguez y los dos, con otros muchos (participan más de 40 personas de más de diez nacionalidades diferentes), montaron The Cross Border Project. Se trata de un proyecto multicultural con el que estos días están representando en el Teatro Thalia de Nueva York la obra Fuenteovejuna de Lope de Vega.
La particularidad es que la acción que Lope de Vega sitúo en la Andalucía de principios del siglo XVI no trascurre ni allí ni entonces, sino ahora y en la mexicana Ciudad Juárez. O sea, que la violencia, las injusticias y los oprimidos de entonces, son ahora los cárteles de la droga, los feminicidios, la actitud del gobierno, etc.
Sergio Adillo ha sido el encargado de hacer la adaptación (sabe lo que se hace, su Tesis Doctoral se centra en las representaciones que la Compañía de Teatro Clásico ha hecho de La vida es sueño) y cuenta que concibieron el montaje (construcción de los personajes, signos escénicos, etc) a partir de la técnica de Teatro del Oprimido de Augusto Boal, por eso hay una contraposición constante entre el oprimido y el opresor. Y visto desde aquí, es también ahí donde está la valentía. Lope escribió Fuenteovejuna en 1610, hoy, justo cuatrocientos años después, las formas de tiranía cambiaron de escenario pero permanecen vigentes, se murió aquel Fernán Gómez pero le nacieron cientos, lo fundamental, lo terrible, el dolor y la injusticia, siguen campando. Por eso cada día hay miles de razones para gritarlo y denunciarlo, por eso lo que están haciendo en Nueva York Sergio y sus colegas es mucho más que la representación de un clásico, es también y sobre todo, un acto de valentía y de coraje, de compromiso y de denuncia.
Y a todo esto, ¿quién hace del Comendador? Pues, Sergio Adillo.
La particularidad es que la acción que Lope de Vega sitúo en la Andalucía de principios del siglo XVI no trascurre ni allí ni entonces, sino ahora y en la mexicana Ciudad Juárez. O sea, que la violencia, las injusticias y los oprimidos de entonces, son ahora los cárteles de la droga, los feminicidios, la actitud del gobierno, etc.
Sergio Adillo ha sido el encargado de hacer la adaptación (sabe lo que se hace, su Tesis Doctoral se centra en las representaciones que la Compañía de Teatro Clásico ha hecho de La vida es sueño) y cuenta que concibieron el montaje (construcción de los personajes, signos escénicos, etc) a partir de la técnica de Teatro del Oprimido de Augusto Boal, por eso hay una contraposición constante entre el oprimido y el opresor. Y visto desde aquí, es también ahí donde está la valentía. Lope escribió Fuenteovejuna en 1610, hoy, justo cuatrocientos años después, las formas de tiranía cambiaron de escenario pero permanecen vigentes, se murió aquel Fernán Gómez pero le nacieron cientos, lo fundamental, lo terrible, el dolor y la injusticia, siguen campando. Por eso cada día hay miles de razones para gritarlo y denunciarlo, por eso lo que están haciendo en Nueva York Sergio y sus colegas es mucho más que la representación de un clásico, es también y sobre todo, un acto de valentía y de coraje, de compromiso y de denuncia.
Y a todo esto, ¿quién hace del Comendador? Pues, Sergio Adillo.
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